
Es un gigante con alma de niño, que en unos meses se ha convertido en el delantero de moda de la Liga española. Nicola Zigic está llamado a ser pareja de David Villa en el Valencia. En Santander están decididos a hacer caja y dan por hecho incluso que el contrato de traspaso ya está redactado y que sólo falta la firma del delantero serbio. En Valencia, por contra, guardan silencio de respeto, aunque a nadie se le escapa que se trata de un futbolista que desde hace tiempo está en la órbita de Mestalla. Compás de espera.
A pesar de sus más de dos metros de altura, que le confieren la apariencia de un pivot de la NBA, Zigic no es un ningún patoso con el balón en los pies. Al contrario. Aparte de la lógica facilidad para anticiparse en el remate con la cabeza, el serbio maneja el esférico con ambas piernas, es rápido y está avalado por los guarismos, primero en su periplo de tres años en el Estrella Roja de Belgrado, y los de la pasada temporada, en el Racing.
En su primera campaña en el fútbol español Zigic se ha convertido en un futbolista de moda. El equipo cántabro invirtió seis millones de euros en el gigantón y ahora quiere venderlo por veinte.
Llegó a Santander de la mano de Miguel Ángel Portugal, que le dio galones para que rápidamente formara una perfecta sociedad con Pedro Munitis. Como la que ahora se espera que prospere en Mestalla, cuando se desenvuelva al lado de David Villa.
Zigic guarda silencio, aparte de que es un hombre poco hablador. Incluso para hacer declaraciones se escuda siempre en su amigo, Musa Mladenovic, delegado del Teka Cantabria de balonmano, que se ha convertido en su traductor personal.
Quienes lo conocen bien lo definen como un “tipo majo y simpático”. Lógicamente en los primeros días de estancia en Santander no entendía nada de castellano, y cuentan la anécdota de que un chavalín, para conseguir que le firmara un autógrafo, acudió a los campos de El Sardinero provisto de una cartulina en la que alguien que dominaba el serbio le había escrito la petición en letras mayúsculas. El chico se lo mostró desde la distancia y al acabar el trabajo Zigic, esbozando una amplia sonrisa, no sólo estampó su firma sino que posó en unas fotos con el pequeño.
Nicola Zigic nació el 25 de septiembre de 1980 en Backa Topola, una población de 20.000 habitantes próxima a Novi Sad, en Serbia, donde la aviación de la OTAN hizo prácticas de tiro cuando reventó Yugoslavia. Algo que el futbolista se niega a recordar.
Quizás el sufrimiento que vivió en su infancia provoca que Nicola sea un tipo muy realista, que no sueña con castillos de naipes. No piensa en convertirse en una estrella, o en si lo es, sino en formar una familia, en tener hijos y en llevar una vida la mar de normal. Ni siquiera presume con un cochazo, como otros futbolistas de relumbrón. Él se conforma con un vehículo que vaya bien para su talla, y conduce un Citroën C4.
En aquel pueblecito serbio donde creció Zigic, los técnicos del deporte en el colegio, viendo su talla, trataron de encauzarlo hacia el baloncesto, que incluso llegó a practicar. Pero acabó decantándose por el fútbol, que era y es su pasión.
Curiosamente, ni sus padres ni su hermano son tan altos como él, que a pesar de los 2.02 metros de talla, utiliza un 41 de calzado.
El Estrella Roja le echó el guante cuando se percató de la capacidad goleadora que demostró en el modesto Backa Topola (68 goles en 76 partidos). Jugó como cedido en el Kolubara Lazarevac, el Saint Etienne francés y el Spartack Subotica antes de continuar tres temporadas en el equipo de Belgrado, y tras ser votado en 2003, 2005 y 2006 como mejor jugador de Serbia y Montenegro, pasó a Racing de Santander.
Entre las aficiones de Zigic está el balonmano, por aquello de sus amigos serbios del Teka. También le gusta jugar al golf, a la Playstation, el cine, escuchar música... “Todo lo que le pueda gustar a la gente jóven”, dice.
Desde luego una de sus debilidades es la buena mesa, y no siente morriña de su tierra, aunque siempre que puede –al menos una vez al mes–, hace un viaje rápido a su país para ver a la familia y a su novia, que en cuanto acabe los estudios de Económicas, que está a punto de concluir, se vendrá a vivir con él. ¿A Valencia?
lunes, agosto 06, 2007
Un gigante para David (Las Provincias)
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