
Llovía sobre mojado y a Quique no le tembló el pulso. En la madrugada del sábado saltaron chispas en el vestuario del Valencia en Mestalla. El entrenador tenía pensado que, tras el partido con el Parma posterior a los fastos de la presentación de la plantilla 2007-08, sus jugadores debían tomarse un merecido descanso de dos días. Esa era su idea, pero la falta de actitud que el técnico observó durante el desarrollo del encuentro correspondiente al Trofeo Naranja le llevó a sacar el látigo y decidió convocar a la plantilla a las diez y media de la mañana de ayer.
En la madrugada del sábado, como informó ayer LAS PROVINCIAS, Quique permaneció buen rato en su despacho de Mestalla, junto a sus ayudantes, para analizar con detenimiento lo ocurrido sobre el césped, y ayer se recluyó con los jugadores en el vestuario de Paterna para leerles la cartilla.
Estuvo con ellos cerca de media hora, antes de que luego los futbolistas tuvieran una sesión regenerativa de carácter voluntario. Sólo se salvaron de la quiquina los portugueses Miguel y Caneira, y el alemán Hildebrand. Pero no porque les exculpara del desaguisado, sino porque los tres viajaron a primera hora para incorporarse a sus respectivas selecciones.
La Liga está a la vuelta de la esquina, con la inminente visita del Villarreal a Mestalla, y al técnico blanquinegro le duele en el alma que su equipo vaya repartiendo cal y arena como si cualquier cosa. Y lo expresó en el vestario en voz muy alta. La relajación no entra en el diccionario de Quique. No la acepta y le enciende que, después de que sus jugadores demuestren carácter ante el Elfsborg sueco y den un paso de gigante hacia Europa, en un amistoso se enreden por falta de intensidad. “En el fútbol si sacas pecho te lo parten”, recordó Quique, porque entendió que eso fue lo que le sucedió al Valencia frente al equipo de la Emilia Romana, que estropeó la fiesta de presentación.
El malestar de Quique no es nuevo, como tampoco su actitud de critica y de castigo. La convocatoria dominical todo el mundo la entendió como una mortificación para el grupo, del mismo modo que a lo largo de la temporada pasa, en alguna que otra ocasión, también varió los planes para dar un toque de atención.
Hace unos días, durante una sesión de entrenamiento y al calor de la buena actuación frente al Elfsborg, el técnico valencianista ya advirtió cierto aire de relajación en un grupo de jugadores y le puso remedio. Aquellos estaban en plena cháchara y, tras darles un toque de atención de forma verbal, acabó por encomendarles una dosis de carrera continua, como antídoto ideal para despertarlos de su aparente estado de abulia y desinterés.
En la madrugada del domingo, cuando tras la decepcionante derrota frente al Parma Quique llegó a la sala de prensa de Mestalla, su semblante le delató. En ese momento no hacía falta esperar a la pregunta y que el técnico confesara su disgusto por la falta de actitud de la plantilla. Su malestar era elocuente. “Me enfado cuando pierdo un partido pensando que me he dejado algo”, dijo.
Los jugadores entendieron y aceptaron el mensaje de su entrenador, aunque algunos trataron de exculparse recordando que en un encuentro que no es de carácter oficial, por muchas ganas que se ponga, en ocasiones es fácil relajarse, y más en una noche de fastos para el club.
lunes, agosto 20, 2007
Quique reprende a la plantilla mientras el deseado Van der Vaart da la victoria al Hamburgo (Las Provincias)
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