
José Mourinho desconfió de la capacidad de reacción del Valencia, ese equipo del que todavía no se atreve ni a pronunciar su nombre, por aquello de los manuales de guerra psicológica del fútbol postmoderno. El entrenador del Chelsea abandonó el Reyno de Navarra en pleno asedio valencianista, que no se rindió y acabó cosechando a última hora un empate que tiene un regusto agridulce pero que le permite mantener distancias con sus rivales directos, que también desperdiciaron la jornada. El Valencia mostró anoche en Pamplona la voluntad indomable de los equipos rebeldes y , y sumó un meritorio empate en el último suspiro, gracias a un postrero cabezazo de Morientes, un goleador de raza, en un encuentro que se puso cuesta arriba por un inexistente penalti que Medina Cantalejo se sacó de la chistera cuando el Valencia tenía controlado perfectamente el partido y disponía de continuas oportunidades para marcar. A pesar de estos atenuantes, el equipo blanquinegro deberá mejorar sus estadísticas fuera de Mestalla para llegar al esprint final con opciones de título.
El Valencia tuvo en la primera parte hasta tres claras ocasiones para marcar y cerrar el partido. Sin embargo, se iría a vestuarios con un gol en contra por un penalti inexistente. Tanto a balón parado como en contragolpe, el conjunto valencianista llegó con facilidad a la portería de Ricardo. En la primera oportunidad, a los siete minutos de juego, un envío de Villa fue rematado a bocajarro de cabeza por Villa. El meta osasunista sacó reflejos para desviar la pelota. Al cuarto de hora llegaría la segunda opción, en una contra perfectamente dirigida por Villa, que abrió a Joaquín, que a su vez envió el pase de la muerte a Angulo que, a un metro de la portería, lanzó la pelota al poste. El jugador asturiano, seguro de empujar a gol, incluso había amagado con iniciar la carrera de celebración del tanto.
El equipo de Quique tenía buena llegada, especialmente por la banda derecha de Joaquín. Se notaba que por el flanco izquierdo Hugo Viana no es un extremo puro y no ofrecía profundidad. El Valencia buscaría a Ricardo con otra alternativa, la del disparo a larga distancia que probó Villa sin fortuna en el minuto 23.
Mientras Osasuna, un equipo que no vencía en casa desde el 14 de enero, no se acercaba con peligro. Raúl García, un mediocentro ubicado como improvisado segundo delantero, intentó sorprender a Cañizares desde el centro del campo. La pelota iba dentro y el meta valencianista se lució en su estirada. Con el regusto agridulce de las ocasiones malogradas pero con el encuentro controlado, llegó la polémica decisión con la que Medina Cantalejo decidió cambiar el rumbo que tenía el partido. Tras un saque de banda, Raúl García se desvaneció entre los brazos de Moretti, que sólo se dedicó a cubrir su posición. Una infracción injusta y muy parecida a aquel falso ushiro-nage con el que Tristante Oliva castigó al Valencia contra el Real Madrid en la temporada 2003-2004. Extraña que con tan liviano contacto se decretara la pena máxima, en un estadio en el que, por otro lado, se acostumbran a ver acciones agresivas de nobleza británica, con el público rugiendo. Puñal, un especialista desde los once metros no desaprovechó la ocasión y anotó el 1-0. El Valencia encajó mal el tanto, y por momentos descompuso su orden táctico. Osasuna se movió con más soltura en los minutos finales de la primera parte pero sin peligro aparente.
Como era previsible, en la segunda parte el Valencia aumentó la presión y mantuvo la iniciativa del juego. Sin embargo, sus movimientos carecían de coordinación y pecaban de algo de precipitación. Villa y Angulo no tenían acompañamiento de segunda línea para completar sus ataques, que se perdían en acciones individuales sofocadas por la superioridad numérica de la zaga rojilla, bien asentada atrás. Quique movió el banquillo en busca de un revulsivo que diera mayor fluidez al ataque. Morientes entró en el terreno de juego en lugar de Albelda. Angulo retrocedía a la banda izquierda y Hugo Viana se reubicaba en el centro para acompañar a Marchena en un doble pivote que funcionó de manera excelente ante el Inter de Milán.
El retoque de líneas tuvo un primer efecto inmediato, en un disparo lejano de Villa que volvió a desviar Ricardo. Con la entrada en el campo de Webó a Osasuna le quedaba la réplica de los contragolpes. En uno de ellos, agravado por un despiste defensivo, el delantero camerunés se plantó sólo delante de Cañizares, que detuvo su seco remate. El encuentro corría un preocupante riesgo de estancarse con los telegrafiados ataques valencianistas. Miguel, uno de los futbolistas a quien Quique dio descanso, entró para ensanchar el campo y buscar más profundidad. Uno de los asistentes de Medina Cantalejo evitó la prematura resolución del encuentro, cuando señaló un inexistente fuera de juego de Webó. Con el avance del cronómetro, Osasuna se refugió atrás y el Valencia buscó acciones rápidas colgando balones al área. Joaquín tuvo en sus botas el empate, pero su fuerte chut fue de nuevo detenido por Ricardo, que hizo números para ser internacional. Villa trató de buscarse espacios en solitario, pero sus disparos rebotaban en las piernas de defensores rivales o en Ricardo. Con el Valencia volcado, Angulo estrelló un remate de cabeza de nuevo en el palo. El partido parecía maldito, predestinado a no moverse del 1-0. El Valencia siguió intentándolo, pero de ninguna de las maneras se pudo conseguir el mal menor del empate. En ese momento, Mourinho abandonó el estadio y en ese instante Miguel y Morientes, los cambios realizados por Quique en la segunda mitad, fabricaron el empate en el último instante. Mou tomaría nota en el taxi.
lunes, marzo 12, 2007
El Valencia no se rinde (1-1) (Levante-Emv)
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